Ángeles a través de los ojos de Miguel Delibes

Es fácil caer encantado por Ángeles de Castro. Su personalidad, su sensibilidad y sus ganas de vivir atrapan. Lo curioso es que nos enamoramos de la Ángeles que Miguel Delibes, su marido, creó públicamente.

En apariencia, ella permanecía a la sombra del escritor. Aunque, mientras preparábamos el cortometraje ¡Aúpa, Delibes!, nos dimos cuenta del error de percepción. Ángeles fue la que le prestaba libros de clásicos contemporáneas, la que le animó a escribir y a presentarse al recién creado Premio Nadal, como explica Ramón García Domínguez en su biografía sobre el autor: Miguel Delibes de cerca.

Se podría decir que fue al contrario y Ángeles también creó al autor: “Ella tuvo mucha parte en lo que yo haya podido hacer, bueno o malo, y me parece equitativo que en esta hora aparezcamos juntos”, explicó Delibes en el discurso de ingreso en la Real Academia Española.

Eran, sin duda, un equipo. Lo que ocurre es que ahora, para seguir reconstruyendo esa relación, tenemos que leer una obra de Miguel: Señora de rojo sobre fondo gris. Este título, escrito después de la muerte de Ángeles, es un homenaje honesto y descubierto. Es una ficción pero transpira tanta verdad que nadie duda de que es una dedicatoria a su mujer.

“La nuestra era una empresa de dos, uno producía y el otro administraba. Ella nunca se sintió postergada por eso. Al contrario, le sobró habilidad para erigirse en cabeza sin derrocamiento previo”, narra el protagonista de este libro.

Y el texto continúa plagado de reconocimientos, a pesar de la historia dura que cuenta:

  • “Daba igual que relatase una historia prolija que un breve trayecto en autobús. De todo sacaba partido, lo animaba con tal magia que era imposible sustraerse a su hechizo, hubiera sido capaz de sostener la atención del auditorio durante semanas”.
  • “Nos bastaba mirarnos y sabernos. Nada importaba los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde. Estábamos juntos, era suficiente. Cuando ella se fue, todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabra, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad”.
  • “Cuando alguien imprescindible se va de tu lado, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales”.

Y sí, se desvela el final de la historia. Simplemente, porque es pública, conocida por todos: Ángeles murió con 51 años. Miguel sintió que había pasado de la juventud a la vejez en muy poco tiempo, en una noche, con la desaparición de su esposa. Tras esto, estuvo dos años sin publicar ningún libro.

En el discurso de ingreso en la Real Academia Española, pidió un inciso a los presentes para dejar paso a los sentimientos: “Soy consciente de que con su desaparición ha muerto la mejor mitad de mí mismo. Objetaréis, tal vez, que al faltarme el punto de referencia mi presencia aquí esta tarde no pasa de ser un acto gratuito, carente de sentido, y así sería si yo no estuviera convencido de que al leer este discurso me estoy plegando a uno de sus más fervientes deseos…”. “Vengo pues, así, a rendir público homenaje, precisamente en el aniversario de su nacimiento, a la memoria de la que durante cerca de 30 años fue mi inseparable compañera”.

El escritor Julián Marías le dio la réplica con unas palabras que han pasado también a definir a la perfección a Ángeles: “Esa mujer maternal y niña a la vez, que con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir”.

Por | 2017-10-15T01:19:18+00:00 3 octubre, 2017|Miguel Delibes|0 Comentarios

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